julio 30, 2012

Carta al Presidente


Señor Presidente
Juan Manuel Santos
En su máquina.-

Asunto: Los niños del Chocó se están muriendo de hambre

Señor Presidente,
Yo abrí este blog para aprender a escribir sin rabia, pero se me está dificultando la tarea porque hay muchas cosas que no comprendo y llenan mi corazón de rabia. Entonces decidí tomar ejemplo de los niños del Cauca que le escribieron esas bonitas cartas, para plantearle mis inquietudes directamente a usted, que es quien puede solucionarlas.

Para no alargarme, sólo le hablaré del caso que más me mortifica hace meses, cuando leí una pequeña nota de RCN, que dice que a los niños de las comunidades indígenas del Chocó el hambre los lleva al suicidio y también que, 8 de cada 10 de ellos, presentan signos clínicos de desnutrición crónica. Pero como en la nota  el director del ICBF reconoció la existencia del problema, supuse que medidas urgentes serían tomadas.
Quedé tranquila cuando escuché en la Radio Nacional al señor Antonio Posso, alcalde del Bajo Baudó, contándonos que había obtenido, en Bogotá, la seguridad de que brigadas de salud serían enviadas a la región. 

Por eso, esta semana –cuatro meses más tarde (!¡)– cuando volví a escuchar al mismo alcalde Posso, del mismo Bajo Baudó, en la misma Radio Nacional, clamando que ninguna de esas brigadas de salud se había presentado en la región, la carraca me quedó en el piso.


Por supuesto, la situación ha seguido deteriorándose: ahora hay una epidemia de tuberculosis. Y la reacción de los encargados de la salud pública, ahí…


Pero cuando mi sorpresa se convirtió en rabia, fue al escuchar las explicaciones del director del ICBF, Diego Molano, patinando en sus propias babas: Ni siquiera se murió de la vergüenza, siguió respirando como si tal. 
Como las denuncias del alcalde, sus explicaciones fueron iguales a las de hace cuatro meses: vaguedades de catálogo de funcionario.
Dijo que en un Centro de recuperación están atendiendo quince niños. Mintió que dos equipos móviles están ocupándose de la región del Alto, Medio y Bajo Baudó y aplicando todos los programas del Instituto.

Dejó claro, eso sí, que la crisis es culpa de los miembros de esas comunidades que sacan a los niños de las regiones aisladas demasiado tarde, cuando ya los Centros de recuperación no pueden hacer nada.
Debe ser esta la razón de que los Centros cuenten con su propia Partícula de dios, que practica el método de selección natural: cuando los niños están en estado muy avanzado de desnutrición o tienen otros problemas –como retardo mental– la Partícula de dios decide que deben morir. Les niega incluso un mínimo alivio al sufrimiento, aunque sean unas gotas de suero: simplemente no los recibe.



Molano anunció también que se iba a enterar del estado de la situación porque no tenía ni idea y volvió a prometer que tomaría las medidas necesarias. Me consta que tomó dos  inmediatamente: 1. cambió su ávatar de tuiter –que representaba el rugiente escudo del Santafecito de su alma–, por una foto suya cargando sin asco un niño indígena, rebosante de salud y belleza, con todo y mochila; y 2. puso al administrador del tuiter del ICBF a espamiar con el hashtag #EstamosCumpliendo, como si usted hubiera prometido que iba a dejar morir de hambre a los niños…

Yo creo que sus asesores de imagen y de otras cosas mantienen es ocultándole la información. De lo contrario, usted habría continuado, como al principio, ocupándose de los problemas reales de la gente y ejecutando los programas que anunció. En vez de haberse dejado embolatar por los cacareos del expresidente que introdujo la motosierra en nuestra historia y que ahora nos quiere seguir imponiendo agenda.
Tampoco le ha colaborado con esta información el Ministro de minas que –él sí– se la pasa moviéndose por todo el Chocó anunciando que les va a echar encima una LocomotoraMinera y otras barbaridades. Pero eso es otra carta.

Otra cosa que me ha entristecido es que cuando le planteo esta situación tan terrible a la gente, lo que parece sorprender es que yo esté sorprendida. Me dicen que hay muchos casos así, en muchas regiones del país, particularmente en las comunidades indígenas y que el abandono del Estado es total.
Mejor dicho, como si los funcionarios hubiesen simplemente afinado una técnica para despejarle el paso a la LocomotoraMinera: algo así es lo que la gente piensa, como una fatalidad.
Yo me niego a creer eso. Pienso que este caso de los niños del Chocó es particular y, de todos modos, ya no puedo hacer como si no supiera. Y usted tampoco.

Cordialmente,

Mónica Sánchez Beltrán



Anexos
Entrevista completa del alcalde del Bajo Baudó


Entrevista completa del director del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar








julio 21, 2012

Los periodistas de la patria

Esta semana fueron los periodistas de la patria los que me sacaron la reputa piedra. 
Pero yo abrí este blog para aprender a escribir sin rabia y además yo a los periodistas los quiero mucho. Hasta demasiado, a ratos. Entonces, trataré de explicar con calma por qué me pareció mal la actitud casi unánime contra los indígenas del Cauca, dizque porque irrespetaron y humillaron a la autoridad.
Los héroes de la patria desplazados unos cuantos metros, previa advertencia de que los aborígenes, los habitantes milenarios, los dueños de esos predios, históricamente desplazados a bala por toda clase de salvajes, legales e ilegales,  se cansaron de servir de escudos humanos en una guerra que no les corresponde: insoportable.
Hay que ver los editoriales en tono perentorio de los periodistas de la patria ante la conmovedora imagen de un pobre soldadito llorando a moco tendido porque no lo dejaron echar bala, hay que ver la referencia permanente a la infiltración terrorista en el movimiento indígena contra la guerra, hay que ver la arrogancia y el irrespeto con el que entrevistaban a los representantes de los pueblos aborígenes y la obsecuencia y las reverencias ante los generales. 
Hay que oír el doloroso silencio ante el asesinato y el maltrato de los insurrectos, desarmados, cuando finalmente el presidente escuchó las exigencias del pueblo colombiano, que escupían ultrajados los periodistas de la patria.
¿De veras creen que el ejército de los falsos positivos necesita solidaridad y motivación para echar bala, en vez de fiscalización y control?

El verdadero problema es que en Colombia admitimos la guerra como una fatalidad. Somos el único pueblo feliz de pagarnos un ejército que nos combate a nosotros mismos. Nos parece normal, y aplaudimos, la barbarie de los bombardeos,  sobretodo cuando matan unos cuantos narcoguerrilleros, aunque sepamos que la mayoría de ellos son jóvenes movilizados a la fuerza. Como los soldados. De los mismos indios que somos todos. 
Somos felices matando a nuestros hijos dizque para que los hijos de los gringos  no se maten consumiendo droga. Matando a nuestros hijos y arrasando nuestra tierra por una mentira tan absurda: si de verdad quisiéramos hacerle la guerra a las drogas, estaríamos bombardeando New York.

Los periodistas de la patria también juegan a la guerra. Mantienen a la gente convencida de que es inevitable; que hay buenos y que hay malos; héroes y villanos; que estamos avanzando o reculando. Como si no estuviéramos simplemente zambullidos en la mierda.
Estoy diciendo obviedades, ya sé. Por eso, a ratos, los periodistas me sacan la reputa piedra.






PS: He recibido varios comentarios negativos por la generalización de mi crítica. Pensé que sería clara la referencia periodistas 'de la patria' en cambio de periodistas, porque pienso que a la palabra 'patria' la han manoseado mucho para legitimar toda clase de desafueros en su nombre.
Pero evidentemente mi referencia no era clara así que presento mis disculpas a los periodistas, que son pocos, pero muy importantes.



julio 11, 2012

el virus de la depresión





Me contactaron de tuiter porque hace días cerré la cuenta y alguien ha notado mi ausencia.

Cerré la cuenta porque cuando uno ha lidiado con el toc tanto tiempo, reconoce fácilmente los factores que pueden desencadenar 'esas' crisis. El tuiter es uno de ellos. Y grave. Cuando el mundo se despierte de la euforia que produce el pajarito, el guayabo va a ser mundial. 

El cierre no es definitivo porque al fin y al cabo mi vasta experiencia.
Y ya conocemos mi concepto de la experiencia.

El momento del cierre, en cambio, lo determina la otra razón. La que cada tanto me ataca como una de esas gripas feroces y, como a ellas, puedo verla venir y prepararme para sobrevivirle. Una y otra vez.

La depresión –como la gripa– se ve venir. He llegado a la conclusión de que ambas son iguales; sólo que con la gripa uno CREE que se va a morir y con la depresión uno se QUIERE morir.
Y ambas tienen la misma solución: dejar correr lágrimas, mocos y babas, más o menos días. Si no morimos, ambas acaban por pasar.

Siempre.

Algún día la ciencia aislará el virus de la depresión.
Tal vez tenga cara de muchedumbre.